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Apártese de lo bueno o justo, o al menos de lo que la norma y la moral han establecido como tal, y encontrará al Mal, esa idea abstracta que parece rondar por todas partes y que adquiere incontables matices: la mala suerte, los malos ojos, los malos vientos, la mala energía, el mal cuerpo, la mala cabeza, los malos pensamientos...Los supersticiosos encuentran, en el simple procedimiento de tocar madera, la vía perfecta de ahuyentar tanta maldad acumulada.

Para los escépticos, en cambio, tocar madera no es más que el acto cotidiano de llamar a una puerta cerrada con el ánimo expreso de ser recibido. Por supuesto, estos últimos renegarán de cualquier forma de superstición. Un viernes 13, por ejemplo, no representaría nada más que una fecha cualquiera en el calendario. Los supersticiosos, por su parte, sufrirán de un miedo reverencial -conocido en latín con una palabra prácticamente impronunciable: parascevedecatriafobia-, que aúna la tradición católica de considerar al viernes como un día de luto con la consideración ancestral del 13 como un número de malos augurios.

Unos y otros, no obstante, se dieron cita el viernes 13 del pasado mes de abril en la galería Villa Manuela para tocar madera, apartando al Mal o abriendo puertas, y acompañar de esta forma al prestigioso humorista gráfico y artista plástico Arístides Hernández Guerrero (ARES) en la inauguración de su más reciente muestra personal. Con más de 150 premios nacionales e internacional en su haber, ARES es un artista autodidacta con una destacada trayectoria en el humorismo gráfico y la ilustración, incursionando también en otras expresiones como el cartel y la pintura.

La exhibición, compuesta por 19 piezas que en su mayoría asumen la madera como soporte fundamental, propone una interesante reflexión sobre disímiles aspectos que conforman el núcleo central de temas trascendentales como la identidad y la nación. Partiendo de elementos reciclados y re-utilizados en una nueva función -fragmentos de puertas desechadas de madera y antiguas aldabas, algunas de notable belleza-, ARES diserta sobre la historia, la filosofía, la religión y la Patria, mientras que los símbolos se entremezclan, dialogan y se hacen eco de las preocupaciones del artista. ¿Quiénes somos y hacia dónde vamos? ¿Qué nos define? ¿Qué nos hace actuar como lo hacemos? Imaginería religiosa, héroes y símbolos patrios intentan perfilar dichas interrogantes. Tratándose de ARES, un creador acostumbrado a esgrimir el humor como herramienta eficaz de expresión, la parodia y la ironía afloran de manera evidente en algunas de las obras, fundamentalmente aquellas que establecen paralelismos entre los símbolos y la realidad cubana actual.

Para consternación de los supersticiosos, tocar madera a veces no es suficiente. Bien lo saben los escépticos. El arte, acusado en demasiadas ocasiones de diletante, ofrece a quien se acerca con curiosidad una hoja en blanco para emborronar pensamientos. Si bien ARES se desnuda en esta ocasión con una muestra de marcado carácter autobiográfico, no es menos cierto también que sus obras son un llamado al despertar, un fuerte reclamo de nudillos poderosos sobre puertas cerradas o apenas entreabiertas. Pensar la nación no es una cuestión de suerte. Mucho menos de superstición.

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