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Ivette Cepeda. Foto: Duamel

Tras 17 años de trabajo en el ámbito de la educación, en 1991 Ivette Cepeda inicia su carrera como cantante. Virtuosa, polifacética y entregada de lleno al público, la intérprete cubana no ha parado de cosechar éxitos tanto en escenarios nacionales como internacionales. Con cuatro discos en su haber, Ivette prepara la que será su más reciente producción discográfica. En 2018 se cumplen también 10 años de su primer concierto en solitario titulado Estaciones, acontecimiento que la cantante celebrará, junto a su grupo Reflexión, con varias presentaciones a lo largo y ancho de la Isla.

Katherine Pérez Domínguez: Ivette, estamos encantados de que hayas aceptado esta entrevista. El equipo de Havana2Go es absolutamente fan de tu trabajo. Anteriormente te han hecho muchas entrevistas en diversos medios y en ellas has explicado aspectos sumamente interesantes de tu carrera musical. Por eso queremos acercarnos en esta ocasión a la persona, a la Ivette Cepeda que hay detrás de la cantante. Así que vamos a empezar con esas preguntan sencillas que todos hacemos cuando conocemos a alguien. Por ejemplo, ¿cuál es tu color favorito?

Ivette Cepeda: El turquesa me gusta mucho, el lila y el azul, aunque no soy de esas personas que se decantan por un único color.

KPD: ¿Tu comida preferida?

IC: Me gustan mucho los piquillos, las ensaladas, me gustan muchas cosas. Creo que es más fácil decirte lo que no me gusta: la patipanza y el pulpo.

KPD: ¿Tu momento favorito del día?

IC: Creo que no tengo una preferencia muy definida. Me gustan mucho la noche y la madrugada, aunque por el día es que puedo hacer todas esas cosas pendientes de la casa o la vida personal. Me gusta mucho la vida, y como la disfruto tan intensamente, todos los momentos en que me siento útil y bien son igualmente importantes para mí.

KPD: ¿Cuáles son tus hobbies Ivette? ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

IC: Sobretodo me gusta ayudar. Yo soy cristiana y eso tiene mucho que ver con lo que prefiero hacer en mi tiempo libre: ayudar a las personas, tener tiempos de oración, de reflexión. Y aunque esos no son exactamente hobbies, son los momentos que más busco, al igual que los momentos junto a mi hijo. También me gusta mucho caminar por las calles y bendecir mi ciudad, hablar con toda la gente que me encuentro por el camino, conversar con personas mayores, con los niños. Me gusta conversar con personas que no conozco, acercarme a otras vidas. 

KPD: ¿Qué no puede faltar en tu casa?

IC: Agua

KPD: ¿Qué no puede faltar en tu vida?

IC: Dios.

KPD: ¿Qué te ha hace feliz y qué te pone triste?

IC: Ver que las personas pueden superar sus problemas me hace muy feliz. Saber que no estamos solos, que siempre hay alguien cuando necesitas compañía me hace feliz. Comprobar que las personas van consiguiendo sus objetivos, sus metas, me hace feliz. La armonía me hace feliz. Las personas que me rodean, que me sostienen, me hacen feliz. Pero que las personas se nieguen a ser ayudadas me hace infeliz, que las personas crean que no pueden conseguir lo que se proponen me pone muy triste.

KPD: ¿Cuál es la canción que más te ha hecho sufrir? 

IC: Hay canciones que me hacen sufrir porque me recuerdan determinadas circunstancias de mi vida. La gente cree que es muy fácil para mí cantar, por ejemplo, Regrésamelo todo de Raúl Torres, pero es muy difícil.

KPD: ¿Y la canción que más alegrías te ha dado?

IC: Sin dudas ha sido Préstame tu color. Cada vez que la canto me da una alegría tremenda porque a la gente le gusta, sale a bailar, y eso es lo que más felicidad me trae.

KPD: ¿Qué significa para ti la música, y más concretamente la canción?

IC: La música y la canción son cosas muy espirituales. Forman parte de ese lenguaje universal que te permite llegar al alma, al corazón de la gente. Tú puedes estar cantando en Ucrania o en Alemania, y aunque las personas allí no entiendan tu idioma, a través de la música todos podemos comunicarnos. Yo me siento muy afortunada por tener la posibilidad de comunicarme con tantas personas diferentes. A través de la música he hecho amigos entrañables en muchos lugares del mundo, personas con las que me he reencontrado en la Habana y que han venido hasta aquí para volver a escuchar las canciones que interpreto. La música cambia el sentido de la geografía, borra las fronteras, las distancias, los idiomas, las diferencias, cambia el sentido de todo. 

KPD: Ivette, ¿tú crees que hay una canción para todo el mundo?

IC: Creo que sí, hay muchas canciones que de alguna manera u otra llegan a todas las personas.

KPD: ¿Qué tiene que tener una canción para que Ivette Cepeda decida elegirla e interpretarla?

IC: Tiene que ser una canción que haga el bien. A veces interpreto canciones tristes, otras que aluden a la vida en general o a la sociedad, por supuesto también canciones sobre el amor, pero todas tienen que ser canciones que nos aparten de falsos conceptos, de vulgaridades, de decisiones erradas, de cosas negativas. Si son canciones que salen del corazón, canciones puras, lindas, que transmiten sentimientos positivos, que pueden ser escuchadas por todo el mundo porque unen a las personas, entonces estarán en mi repertorio.

KPD: Tú tienes un repertorio muy amplio. Imagino que ese proceso de decisión, cuando tienes que elegir nuevos temas para sumar a tu repertorio, debe ser un proceso complicado. ¿Cómo haces para decidir? ¿Te ayudan los integrantes de tu grupo? ¿Te apoyas en otras personas?

IC: Es gracioso porque nadie quiere intervenir en eso. Las personas a veces piensan que porque una canción es de un autor reconocido eso es suficiente, y para mí no es así. Recientemente leí una reflexión muy interesante. Resulta que un discípulo se acerca a su maestro y le dice que tiene que darle una mala noticia. Entonces el sabio le pregunta si al menos ha confirmado si esa noticia ha pasado por las tres rejas: si es verídica, si es agradable para alguien y si es necesaria. El discípulo responde a todo negativamente. En ese sentido yo tengo muchas rejas para elegir mis canciones. Me gusta que perduren en el tiempo, que hablen de cosas verdaderas y no sobre lo que está de moda, que no persigan un lucro comercial. Yo busco los valores espirituales que las canciones tienen. Me gusta que las canciones sean necesarias, que hablen de mi gente, de mi pueblo, de mi vida, de esa tierra que yo piso, del aire que respiro. Me gusta que las canciones sean capaces de convencer a todos. No me gustan las canciones que separan a las personas. Yo quiero canciones que unan, que tracen puentes. Todos tenemos una esencia muy especial, que la mostramos, a veces, a un grupo reducido de personas cercanas, y ocultamos esta esencia al resto del mundo. Yo quiero que mis canciones muestren mi esencia a todos y que las personas sientan que pertenecen a un mismo grupo. Esto me lleva en ocasiones a decir que no a personas entrañables que quieren que cante determinadas canciones. Pero para mí cada vez es más difícil elegir. Recientemente me mostraron una canción maravillosa, que me gusta muchísimo, pero eso no significa que esta canción sea agradable y necesaria para los demás. Hay que tener mucha paciencia en este proceso de buscar canciones. De hecho llevo tres años buscando temas para mi próximo disco y todavía me faltan cuatro.

KPD: Todos tus fans están esperando este nuevo disco con muchas ansias. Háblanos de esta nueva producción. ¿Cuándo podremos disfrutar de él?

IC: Finalmente lo vamos a grabar este año. Hemos recibido un regalo maravilloso que ha sido fundamental para que este nuevo disco vea la luz. Unos productores de Nashville, a través de la Iglesia, se han interesado por el proyecto y van a apoyar económicamente la producción del disco. Vamos a grabarlo en Cuba, en los estudios Abdala, y luego la mezcla se hará fuera de la Isla. Estoy muy feliz y segura de que todo va a salir muy bien. 

KPD: ¿Has pensado ya en un título para el disco?

IC: Cada vez que estoy preparando un disco me siento como una especie de orfebre engarzando los eslabones de una cadena. Nunca me han gustado esos discos donde una canción niega a la otra, o donde hay mucha diferencia de calidad entre las canciones. En mi opinión todas las canciones de un disco deben tener un por qué, responder a una idea. Y en esta ocasión me he asegurado de que el nuevo disco recoja estos principios que te he mencionado. En cuanto al título, se va a llamar Cofradía. Casualmente, durante el último concierto que ofrecimos en el ISA me invitaron a visitar una exposición de fotógrafos y artistas del Instituto que llevaba también este título. En esa muestra yo pude percibir exactamente el concepto que yo tengo para el disco. Eran unas veinte fotografías donde cada artista volcaba su mirada particular sobre un tema, pero en conjunto uno podía constatar los hilos que unían a todas las obras.

KPD: Ivette, has incursionado en muchos géneros musicales, ¿con cuál o con cuáles te sientes más cómoda?

IC: Yo creo que el género canción es un género que me sienta bien. Yo no soy una cantante que se mueva en los ritmos folclóricos o en la música popular bailable. La tímbrica de este tipo de géneros no tiene mucho que ver con el formato de mi grupo. Sin embargo, no es menos cierto que me encanta el baile y ver al público bailando, porque adoro la alegría de esos momentos en los que las personas comparten y muestran sus sentimientos a través del cuerpo. Y por eso me gusta cantar los ritmos que me recuerdan a mi tierra y a esa alegría de mi pueblo. 

KPD: Alguna vez has pensado “esto no lo puedo hacer, no lo puedo cantar”. 

IC: No creo que pueda hacerlo todo, pero sí puedo esforzarme mucho para llegar a hacer algo que quiero. Retos no me van a faltar, y la primera que se impone esos retos soy yo misma, porque a mí me gusta toda la música. Si hay que hacer un guaguancó, una rumba, una conga, que son grandes retos para mí, se hacen, porque la gente va a ser feliz. El desafío para mí no radica en si puedo o no hacer ese tipo de música, cantar esos ritmos. El verdadero reto es conseguir levantar a la gente de sus asientos y que por un momento se olviden de todo y disfruten la vida. 

KPD: ¿Cuál ha sido el momento o los momentos más importantes en tu vida personal y tu carrera musical?

IC: Valoro todo lo que me ha pasado en la vida, pero sin duda hay momentos muy relevantes. El hecho de haberme convertido en maestra es uno de ellos. Es curioso porque esto fue algo que en un principio no valoré lo suficiente. Con el paso del tiempo, sin embargo, me he dado cuenta de la importancia de este momento de mi vida, de las huellas que como maestro se deja en un niño. Otro momento muy lindo es cuando participaba en los festivales de la FEEM, con un entusiasmo que creo que nunca más he sentido. Eran momentos especiales, en los que compartía con los amigos que nos uníamos para disfrutar de la música, incluso cuando en aquella época ninguno pensábamos que íbamos a ser artistas. Hay una canción que voy a incluir en el próximo disco y que se titula Sana recreación, de Leonardo García, que me recuerda mucho a esa época. Por supuesto, tener a mi hijo fue lo más grande que me pudo haber pasado. Eso, y haber tenido la oportunidad de vivir junto a mi madre tantos años son dos cosas fundamentales en mi vida. Mi madre pudo asistir a mi primer concierto y compartió conmigo ese momento de mi vida en que me transformé en artista. Valoro mucho el haber tenido valor para hacer esa transición. Fue algo que visto desde ahora parece muy loco, porque la gente cree que yo dejé la educación y me puse a cantar, y no fue exactamente así. Como profesional de la pedagogía yo ya había llegado a un punto en que sentía que no tenía nuevos retos. Yo era especialista, colaboradora del Ministerio de Educación, investigadora y profesora de la Facultad de Maestros Primarios. El tiempo del trabajo directo con el niños había quedado muy atrás, pero a mí me seguía faltando algo, había algo que me faltaba por decir. Los retos, la renovación son para mí muy importantes. Soy muy exigente conmigo misma y no soporto acomodarme. Sentí que tenía otras cosas que decir y el entorno de la pedagogía no era el adecuado. Esos primeros años después de dejar educación fueron muy difíciles porque yo no sabía qué hacer con mi vida. Yo no me sabía canciones, no estaba pendiente ni de lo que se oía en la radio. Después de los festivales de la FEEM pasé 17 años sin cantar porque el trabajo en educación me absorbía totalmente. Pero había que subsistir, así que lo primero que se me ocurrió fue cocinar. Hacía pudines, croquetas, tamales, turrones de maní, y los vendía en la calle. Me pasaba horas en la cocina, y a la gente le gustaba mucho lo que cocinaba. Hasta un día que me encontré en la calle con una ex-alumna muy querida y ella me preguntó por qué estaba yo vendiendo comida en la calle. Yo le respondí que estaba aprendiendo a cocinar muchas cosas, que me gustaba, pero a la misma vez ese encuentro me hizo reflexionar. Siempre hay alguien que llega a tu vida en un momento determinado y te hace pensar. Casualmente, al día siguiente me llamó un profesor de música y me propuso trabajar con él en el Hotel Neptuno. Yo no era cantante, no tenía ningún papel de cantante, pero empecé a sustituir a la cantante que trabajaba habitualmente con él. Al principio montamos tres canciones y nos presentamos. Todo el mundo se quedó encantado con lo que hicimos. Recuerdo que la acústica del lugar era muy buena y que yo misma me quedé sorprendida con mi voz. Al final nos dieron el trabajo y empecé. Con el tiempo pude legalizar mi estatus como cantante. Nunca pensé que sería cantante. Yo pensaba que no tenía madera para eso. Pero jamás sabemos lo que va a pasar con nuestras vidas. Las cosas van sucediendo y por suerte hay personas que te apoyan y te hacen avanzar. Mi mamá, por ejemplo, siempre me dijo que yo podía hacerlo. Nunca he tenido tiempo de estudiar música porque siempre estoy trabajando mucho. Y eso es algo que necesito y quiero hacer. Yo creo que este año es perfecto para empezar en serio con ese reto. 

Por otro lado, todo en la vida de Ivette Cepeda no ha sido color rosa. Ha habido momentos muy difíciles de los cuales nunca hablo, pero que me han marcado también como persona. El matrimonio de cual nació mi hijo, por ejemplo, no soportó toda la presión que conllevó mi nueva carrera como cantante. De alguna forma mi carrera me fue alejando del padre de mi hijo, de mi familia, porque yo empecé tarde en la música así que tuve que subir por esa escalera de tres en tres escalones, hacer muchas cosas para las cuales yo no me había formado, y eso fue muy complicado. Todo eso provocó un deterioro de mi vida personal. Te cuento esto porque a veces las personas creen que la vida de un artista es fácil, y no es que sea más complicada que la de un ingeniero, un médico o un barrendero, pero en nuestro caso tenemos un público demandante y una vida que parece que es pública totalmente. Al final uno acaba postergando muchas cosas de la vida personal, y hay cosas que no pueden esperar. Mi divorcio, por ejemplo, no estaba en mis planes. Cuando tuve a mi hijo jamás pensé que me iría a divorciar a los 52 años. (Hoy tengo 55 años, por cierto, no tengo ningún problema en decir mi edad). Ese fue un momento muy complicado en mi vida. Por suerte para mí, conocer a Dios es algo que me ayudó mucho a sobrellevar este tipo de momentos. Todos podemos volver a empezar, hasta las personas que han cometido los errores más grandes. Dios es amor, y te enseña a amar a todos, y esto te convierte en una persona mucho mejor. Ahora soy una persona distinta, que no vivo en la amargura, la desesperación o el dolor. Soy una persona que me levanto siempre dando las gracias a Dios por la vida que me dio, que no quiere vivir permanentemente en el lado negativo de las cosas, sino que me refugio en los aspectos positivos de cada circunstancia.

KPD: Ivette, tu relación con el público es una relación muy especial. Cualquiera que haya asistido a alguno de tus conciertos puede fácilmente darse cuenta de eso. ¿Qué le aporta Ivette Cepeda a su público y viceversa?

IC: Yo intento ofrecer a mi público todo el amor del mundo, y cada vez lo siento más como a un cómplice muy cercano. Cuando bajo del escenario tengo ganas de hablar con todos los que han asistido a la presentación, tengo ganas de conocerlos, de saber cómo son sus vidas, aunque esto sea algo muy difícil de conseguir. De otra parte, para mí el público es como una medicina, eso que me quita los dolores, las preocupaciones. Mientras yo estoy con el público no tengo nada de qué preocuparme. El público lo es todo para mí. No hay nada más bonito que servir. Siento que estoy al servicio de toda esa gente que va a escucharme cantar, que estoy aquí para complacerlos, para ser su fiesta, su amiga. Antes yo trabajaba muchas veces en la semana, ahora trabajo un poco menos debido al cansancio y a que necesito estar más tiempo en mi casa, pasar más tiempo con mi hijo. Pero cuando llega el fin de semana y se acerca el momento de cantar, sigo sintiendo que se me va a salir el corazón, me pongo nerviosa, inquieta, y eso no es más que la ilusión de ese momento de reencontrarme con el público. Muchas veces me sucede que tengo el guión de los temas que vamos a interpretar y termino haciendo otros temas completamente diferentes porque son los que quiere el público, y yo estoy ahí para ellos, no para complacerme a mí misma. 

Me ha sucedido en ocasiones que el público me pide determinadas canciones y no puedo complacerlos por uno u otro motivo. No te imaginas lo que me duele eso. Otra veces me han pedido las canciones más increíbles del mundo. Yo empecé a cantar Perdóname conciencia precisamente por una persona del público. Yo jamás hubiera elegido esa canción, pero esa persona, en el Gato Tuerto, hacía bromas, me decía que yo no podía cantar esa canción, que era una canción sólo para las divas, hasta que finalmente la canté y a todo el mundo le gustó mucho. Al final nunca conseguimos seguir el guión y mis músicos se desesperan.

KPD: Has cantado en lugares muy diferentes: hoteles, cabarets, cruceros, bares, teatros, en escenarios tanto nacionales como internaciones. ¿Qué le falta por hacer a Ivette Cepeda? ¿Algún deseo sin realizar?

IC: Me aventuré por primera vez a cantar en festivales internacionales de Jazz en París, donde tuve la oportunidad de abrir un concierto de Fonseca. Fue una experiencia maravillosa porque es un público muy especial, exigente, que no se deja llevar sólo por la simpatía sino que sabe valorar y juzgar la interpretación. Ese espacio de los festivales de jazz me impactó porque me gusta sentirme retada musicalmente. Yo soy una cantante a la que le encantan los espacios habituales, pero también disfruto mucho de los desafíos musicales, y el espacio de los festivales de jazz es el idóneo para ese tipo de retos. En su momento no quise seguir por ese camino porque mi hijo necesitaba de mí y no quería alejarme de mi casa. Él estudia ballet y ensaya muchas horas, así que cuando llega a casa necesita de su madre. Yo sé que va a ser un magnífico bailarín. Pero ahora que mi hijo ya se va a graduar tengo el propósito de retomar con toda seriedad este tipo de presentaciones en espacios como el de los festivales. Otra cosa que me encantaría es ser acompañada por una orquesta sinfónica mientras canto las canciones de Marta Valdés.

KPD: Recientemente has colaborado con el dúo Buena Fe e incluso has filmado un videoclip con ellos. ¿Cómo fue esta experiencia?

IC: Fue una experiencia muy extraña y suigéneris. Yo tenía muchas ganas de que ellos me dieran una canción. En un principio, sin embargo, el tema que ellos eligieron me pareció muy distante de mí. Realmente nunca hemos cantado esa canción juntos, ni siquiera cuando la estábamos grabando. Yo grabé mi parte y ellos la suya por separado. Así que nunca hemos cantado la canción en vivo. Sin embargo, la canción ha llegado a muchos corazones, mucha gente se ha sentido identificada con ese tema. El día que filmamos el videoclip fue también un día extraño. Ellos habían acabado de perder al guitarrista de su grupo, así que fue un día de mucho respeto y apenas conversamos. Lo importante, no obstante, fue que tuvimos la oportunidad de conocernos y hacer juntos una canción que ha llegado a las personas. Para mí fue todo un reto y me permitió entender cuán hermosas son las colaboraciones. Yo ya había trabajado anteriormente con Tony Ávila y con Liuva María Hevia, y después de este trabajo con Buena Fe creo que empiezo a plantearme este tema de las colaboraciones como un proyecto futuro.

KPD: ¿A dónde puede acudir el público a escuchar a Ivette Cepeda? ¿Dónde te presentas habitualmente?

IC: Nos presentamos habitualmente en El Tablao, todos los viernes a las 10 de la noche. Para mí es un lugar muy interesante y allí me siento como en mi casa. Un sábado al mes nos presentamos también en el Jazz Café Miramar. Por lo demás, este año nos vamos a concentrar en la grabación del disco, ya que es una producción muy extensa, de 20 canciones. Este 2018 es también muy especial porque se cumplen 10 años de mi carrera como solista. Pensamos celebrarlo por todo lo alto a partir de septiembre. Vamos a hacer varios conciertos por todo el país y cerraremos con un gran concierto el 11 y el 12 de noviembre en el patio del Museo de Bellas Artes, que fue donde hicimos nuestro primer concierto titulado Estaciones. Mi mayor deseo es poder hacer un concierto en una gran plaza, gratuito, para todo el mundo, porque yo no he pagado ni un centavo en esta vida por cantar. Mi carrera ha sido un regalo y esto lo quiero devolver.

KPD: Ivette, tú no naciste en La Habana pero llevas muchos años viviendo en esta ciudad. ¿Cómo definirías a La Habana? ¿Cuál es tu lugar preferido?

IC: En el 2008 tuve la oportunidad de viajar a bordo de un crucero y despertar cada día en una ciudad diferente. Tengo que confesarte que para mí la ciudad más linda del mundo es La Habana. Por supuesto que tenemos muchos problemas, que la ciudad necesita de cuidados, que hay muchas cosas por arreglar y conservar. Así y todo, es la ciudad más maravillosa del mundo. Y si tuviera que decidirme por un lugar específico de la capital, te diría que me encanta caminar por la Habana Vieja, cruzar la bahía en la lanchita de Regla y ver la ciudad desde el otro lado. La vista desde La Divina Pastora, por ejemplo, es bellísima.

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