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Para nadie es un secreto que las relaciones más duraderas son aquellas que se establecen entre supuestos contrarios: elementos, caracteres, ideales, conceptos opuestos que en una inexplicable tensión dramática necesitan de la presencia del otro para existir. Precisamente el arte ha sido un terreno propicio para este tipo de contradicciones. La concepción mercantilista de la obra o su uso como herramienta política o de propaganda ha generado el divorcio del arte -una de las máximas expresiones de la espiritualidad humana-, con su esencia misma. La relación entre arte, dinero y poder ha sido analizada desde diversas perspectivas tanto por los artistas como por los críticos y teóricos. Ya sea a través del juego con los propios símbolos, o mediante la representación que mueve a la reflexión, el arte contemporáneo ha explorado la conexión entre tan extraños y aparentemente dispares compañeros de viaje.

El primero de estos procedimientos es el utilizado por Yunier Hernández Figueroa. Aquellos objetos que materializan y mediatizan la idea del dinero, es decir, monedas y billetes, son la materia prima básica de un trabajo que intenta despojar al dinero de su carga política y valor social. La intervención directa sobre estos objetos mediante operaciones como el calado, no sólo consigue resaltar el valor plástico y las infinitas posibilidades de expresión del dinero en su aspecto físico -característica esta que pasa desapercibida a causa del uso cotidiano-, sino que también motiva el análisis sobre el signo y su valor real en el contexto de la sociedad actual. La obra de Yunier, que a nivel visual permanece en los márgenes de las tendencias más conceptuales y minimalistas, precisa de una lectura atenta. Tras la sutileza y elegancia que desmiente la frialdad gélida característica de algunas obras dentro de estos movimientos, el trabajo de este artista precisa de un acercamiento cuidadoso que saque a la luz el complejo mundo de sugerencias latente en las piezas.

Al proceso de deconstrucción del símbolo llevado a cabo por Yunier, el espectador debe oponer un grupo de procedimientos que desanden el camino emprendido por el artista. Nada en la obra de Yunier ha sido dejado al azar. Cada una de sus acciones tiene un significado y es tarea del espectador desentrañar los mensajes camuflados tras lo lúdico y la parodia. La elección del billete o moneda así como de aquellos elementos extraídos, duplicados o yuxtapuestos; el juego con los textos y el lenguaje; los vínculos establecidos entre el contexto actual, la Historia y el Mito; son elementos que contribuyen, en su conjunto, a conformar un mensaje final que habla de esa especie de relación amor-odio que muchos -y el arte no escapa de esto-, mantenemos con el dinero. Cual tirano que gobierna con mano de hierro los destinos individuales y colectivos, el dinero es generador de angustia cuando falta y comodidad cuando sobra. La capacidad de la obra de Yunier para subvertir esta intensa relación de dependencia, para abrir un espacio donde el dinero no sea más que papel y metal manipulado, donde al menos por un momento no signifique nada más que el material a través del cual el arte cumple su cometido, es quizá el aspecto más valioso.

Foto: Yunier Figueroa

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