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CIMAFUNK. Foto: Alejandro Alfonso

Cimafunk habla rápido, muy rápido. Acompaña sus palabras con onomatopeyas y tarareos, al punto de llevar la conversación a los límites del acto creativo. Superpone sonidos bajo sus propios términos que, a su vez, resultan libres e irreverentes.

Comenzó a cantar en Pinar del Río en la iglesia –“de chama”, como él mismo dice-, luego armó un piquete de reggaetón criollo, más adelante experimentó con la trova y se hubiese recibido médico de no haber sido seducido por La Habana, sus calles anchas, sus edificios, y también por su obstinado deseo de dedicarse a la música.

Una vez en la urbe capitalina se ganó la vida como pudo trabajando en talleres, lijando carros, y vivió en varios lugares hasta que el encuentro con un coterráneo suyo, Raúl Paz, lo puso de vuelta en el camino de la música.

Pudo trabajar con más de un intérprete, como David Torrens y Liuba María Hevia, pero ingresar en Interactivo, en 2014, fue decisivo para él como cantante y compositor, y también para su ulterior carrera en solitario marcada por una singular fusión del funk y la música afrocubana que incita constantemente a bailar.

“Con el reggaetón fue rápido y divertido, aunque no tuve tiempo de entender el proceso creativo; con el funk fue de otra manera, para mí era esencial la evolución de los tambores africanos en Estados Unidos, precisamente con el funk, y en Cuba, con la rumba, la timba, el songo, el son, el changüí.

“Esa percutividad siempre me gustó, pero faltaba algo para hacerla un poquito más mía y para poder cantarla a mi manera; no encontraba la química conmigo cuando comienzo a escuchar otra música diferente como Amy Winehouse, me llegó James Brown, y dije: este ritmo está superletal y mezclado con el sonido retro de los metales de una jazzband al estilo del Benny (Moré) y una marcha funk entra perfecto.”

El paso por la agrupación encabezada por Roberto Carcassés y la posibilidad de conquistar la vida nocturna habanera mezclando covers con un repertorio propio junto a Los Boys, derivó en un emprendimiento como solista en 2016, marcado por su herencia de negro libre, de cimarrón, y un espectro musical ecléctico.

En Terapia, Cimafunk, cuenta con la colaboración de prestigiosos colegas como el propio Carcassés en el piano; Ernesto Ermidas y Héctor Quintana, en el bajo y la guitarra, respectivamente; Brenda Navarrete, percusiones y canto; entre otros.

Tras su presentación en Francia en octubre último, Cimafunk escogió el mes de marzo para presentarlo en La Habana junto al videoclip “Me voy”, primer sencillo del álbum que tiene ocho canciones y de producción totalmente independiente.

“Estoy tratando de coordinar los conciertos porque tengo algunas ideas sorpresa que están muy, muy locas, aunque no puedo adelantar mucho todavía, solo que el lanzamiento va a ser en un lugar bastante inusual y la gente que asista lo va a gozar.

“Vamos a hacer promoción por las redes, en la radio, también en la televisión, en el paquete, por supuesto, aunque el disco lo pueden encontrar en muchas plataformas digitales como iTunes, Soundcloud, Spotify o Google Play”.

Además de sus presentaciones habituales en Fábrica de Arte Cubano y en el Bar EFE, Cimafunk dedica su tiempo a impulsar la asociación Cimarrón, fundada por él en Francia y orientada al intercambio cultural entre regiones donde hubo cimarrones o donde quedó descendencia de estos.

Y, por otra parte, a la creación de una pequeña matriz productora en La Habana, nombrada igualmente Cimarrón Producciones, cuyo propósito es producirle música a artistas que están haciendo trabajos interesantes de manera independiente, pero que en ocasiones se les hace difícil al no disponer de todos los recursos.

Fotos: Alejandro Alfonso/ Marie Aureille

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