Rutas Havana2GO!

Durante los años veinte la ciudad de La Habana, y específicamente el barrio del Vedado, comienzan a transformarse a consecuencia del alza del turismo internacional. Si en la década de 1910 la ciudad alojó un estimado de doscientos mil turistas, en los años veinte esta cifra aumentaría a quinientos mil, convirtiéndose el turismo en la tercera fuente de divisas del país después del azúcar y el tabaco. Las limitaciones impuestas a los estadounidenses para viajar a Europa a consecuencia de la I Guerra Mundial, la supresión de la lotería y toda clase de juegos en Estados Unidos y la posterior implantación de la conocida como Ley Seca, contribuyeron sin duda a esta situación. Junto al turismo, comienzan a aparecer los primeros “rascacielos” cubanos, los cuales tendrán un desarrollo creciente en la década de 1950, en paralelo a la promulgación de la Ley Hotelera de 1955, que ofrecía incentivos fiscales, préstamos del gobierno y licencias de casino. Muchas de estas edificaciones continúan en la actualidad cumpliendo su función original y forman parte del skyline de uno de los barrios más interesantes de La Habana. Algunas de las mejores vistas de la ciudad, igualmente, pueden disfrutarse desde sus alturas.

En la segunda mitad del XIX la Habana se había convertido en una ciudad de calles estrechas, sin árboles y aire viciado. La insalubridad ocasionaba cientos de muertes. En este contexto surge el primer proyecto de urbanización en el “monte vedado” (prohibido), una zona rural con grandes fincas y pequeños caseríos, próxima al río Almendares. No será hasta las primeras décadas del XX que el Vedado se consolide como barrio urbano, privilegiando la edificación individual y las áreas verdes, lo cual permitía una mejor ventilación y la eliminación del patio interior, una constante en la arquitectura colonial.

El río Almendares, con 49 km de extensión, es el más grande de la región. Hacia 1920 deja de ser una frontera natural entre dos poblaciones distintas (La Habana y Marianao), para convertirse en el río que divide en dos partes a una gran ciudad. Esto fue posible gracias a la construcción de dos puentes de hierro que permitieron el paso del tren eléctrico. Uno de estos puentes sigue existiendo en la actualidad. La construcción del puente Almendares (1915), el túnel de la calle Línea (1953) y el túnel que une el Malecón con la 5ta Avenida (1958) consolidaron la integración. A pesar de estar alejado algunos kilómetros del asentamiento original (la Habana Vieja), el río fue de importancia capital para la ciudad desde un primer momento. Hasta inicios del siglo XIX abasteció a la población con sus aguas a través del primer acueducto construido en América por la Corona española: la Zanja Real. Fue fundamental para la agricultura y como vía fluvial de transporte de materias primas para las industrias locales. Con el tiempo, a ambos lados del río se fueron estableciendo diversas fábricas, la mayoría de las cuales desaparecieron con la urbanización de los espacios aledaños al río. En la actualidad se conservan la Fábrica de Papel, las cervecerías La Polar y la Tropical y la antigua Estación Eléctrica (actualmente Fábrica de Arte Cubano).

Ruta de Hemingway (II)

En la pasada edición de Havana2GO! seguimos los pasos del afamado escritor norteamericano Ernest Hemingway por el centro histórico habanero. Exploramos también San Francisco de Paula y la residencia del novelista, la Finca Vigía, así como la cercana ciudad condal Santa María del Rosario. En esta ocasión la vida de Hemingway nos llevará a recorrer otro de los lugares emblemáticos de su paso por nuestra ciudad. Nos referimos al poblado pesquero de Cojímar, ubicado a tan sólo 7 kilómetros al este del centro histórico de La Habana. Por todos es conocida la afición de Hemingway por la pesca, actividad que practicó intensamente durante sus años en Cuba. Cojímar fue, precisamente, el lugar escogido por el escritor para dejar anclado su yate “Pilar” y residencia de Gregorio Fuentes, patrón del yate y buen amigo de Hemingway. De igual forma, exploraremos la zona costera conocida como Playas del Este, la cual ofrece algunas de las playas tropicales más hermosas de nuestra Isla.

El escritor norteamericano Ernest M. Hemingway, una de las figuras capitales de la literatura norteamericana y universal, mantuvo con Cuba una estrecha relación que se tradujo en frecuentes viajes a la Isla entre las décadas de 1930 y 1950 y, finalmente, el establecimiento de su residencia en el país. En la capital cubana el norteamericano escribiría sus obras más trascendentales: algunos capítulos de Por quién doblan las campanas, A través del río entre los árboles, París era una fiesta, Islas en el Golfo y El viejo y el mar, esta última inspirada en nuestra tierra.

Comenzamos nuestra ruta en la Plaza de San Francisco visitando el otrora convento del mismo nombre, una de las edificaciones de estilo barroca más representativas de la parte antigua de nuestra ciudad. El convento de San Francisco de Asís (Calle Oficios entre Amargura y Churruca), del siglo XVI, funciona en la actualidad como museo de arte sacro y sala de conciertos de música de cámara. Especialmente recomendable es la ascensión al campanario, desde donde se pueden apreciar bellas vistas de la plaza y la ciudad. Nuestra siguiente parada es en la Catedral Ortodoxa de San Nicolás de Mira (iglesia ortodoxa griega de Cuba) (Jardín Madre Teresa de Calcula, Plaza de San Francisco), consagrada en el 2004. Es un pequeño templo que acoge a los descendientes de la comunidad de emigrantes griegos y marineros ocasionales de esta nacionalidad que arribaban a nuestras costas. Aunque de pequeñas dimensiones,  su vistoso interior amerita un alto en el camino. 

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